Hermosillo, Sonora.— La Sala Historia Leo Sandoval del Museo Regional de la Universidad de Sonora será sede de la exposición fotográfica “Sonora: Territorio Jaguar”, que muestra la riqueza natural de una región clave para la protección y restauración del ecosistema que habita el jaguar más septentrional de América.

 

Como parte de las celebraciones por el 84 aniversario de la fundación de la UNISON, la muestra reunirá fotografías de Fin & Fur Films, una galardonada productora independiente especializada en documentales de naturaleza, aventura y conservación de la vida silvestre, y cámaras trampa de la Reserva Jaguar del Norte®, que han documentado los paisajes y la vida silvestre de un territorio con más de 70 mil hectáreas. 

Los jaguares también son norteños

Durante siglos, los jaguares han formado parte del paisaje de Sonora. Existen referencias históricas de su presencia desde el siglo XVIII y registros que muestran que habitaban principalmente las sierras más abruptas y mejor provistas de agua del este y sur del estado.

En el noroeste de México, las investigaciones han identificado que los jaguares usan un mosaico de tipos de vegetación, entre los cuales destaca el matorral espinoso, los bosques de encino y vegetación ribereña entre otras formaciones de la Sierra Madre.

El jaguar necesita espacio para moverse. En el noroeste de México, usa áreas de más de 800 km2. Utiliza sierras, cañadas, arroyos y zonas de vegetación densa para su desplazamiento, recorriendo grandes distancias en busca de agua, alimentos, refugio y pareja. Sonora es parte fundamental de ese territorio para el jaguar.

Un territorio, muchos caminos

Un jaguar puede recorrer grandes distancias. Existen registros de machos de jaguar que se han detectado con más de 200 km de separación a través de los años. En un sólo día, pueden moverse más de 15 km. Por eso, conservar un solo sitio no siempre es suficiente: los distintos fragmentos de hábitat necesitan permanecer conectados. Cuando el territorio se fragmenta, disminuyen las posibilidades de encontrar alimento, reproducirse y desplazarse.

No basta con que un jaguar llegue a un lugar, tiene que poder quedarse. Para que haya una población, tiene que existir un ecosistema en equilibrio ecológico. Los jaguares no viven dentro de una sola frontera, se desplazan. Por eso, conservar corredores y mantener conectados los espacios naturales es fundamental.

Hembras y cachorros cambian la historia 

El Proyecto Jaguar del Norte (NJP, por sus siglas en inglés) ha documentado desde hace más de 20 años que el jaguar se reproduce en estas sierras, con diez crías de jaguar documentadas, y un total de 85 individuos distintos, entre la Reserva Jaguar del Norte® y el programa Viviendo con Felinos® (VCF).

En abril de 2026, una cámara trampa del Proyecto Jaguar del Norte registró en Sonora a Teopareña, una hembra de jaguar acompañada por su cachorro. La presencia de una hembra con crías significa algo mucho más profundo que una fotografía, simboliza que la reserva y sus alrededores son saludables y ofrecen las condiciones necesarias para que una nueva generación pueda nacer y crecer.

Pero, sobrevivir no es lo mismo que estar a salvo. Aún hay lugares donde la caza furtiva, las tensiones con los ganaderos y la fragmentación del hábitat siguen siendo amenazas para la especie. Por ello, la conservación del jaguar en Sonora no puede ignorar las necesidades de quienes viven y trabajan en este territorio.

Conservar también significa encontrar formas de convivir.

El Proyecto Jaguar del Norte se ha propuesto durante sus 23 años de trabajo proyectos de concientización, educación y conservación a nivel local en las  comunidades y a nivel regional, que han permitido la convivencia pacífica entre jaguares y las personas. 

Como parte de esta labor se creó el programa Viviendo con Felinos® que desde 2007 trabaja con los ganaderos vecinos de la Reserva Jaguar del Norte®, para mitigar las hostilidades hacia los felinos que han persistido durante generaciones. De esta forma, los jaguares que se aventuran más allá de la reserva, encuentran refugio en los ranchos colindantes.